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Un desafío evangélico: La Colecta |
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Juana Jugán pasó largos años de su vida haciendo la colecta. Durante el S XIX en Francia la mayoría de los indigentes vivían gracias a las limosna de los ricos. Actualmente cada día son más numerosos los países donde los ancianos perciben una pensión o subsidio de vejez. A pesar de esto, las hermanitas siguen haciendo la colecta. En todos los países donde están implantadas repiten el mismo gesto de Juana Jugán ¿Se justifica todavía hoy? En los paises sin régimen de protección para los ancianos, nadie lo pondrá en duda. Pero ¿en los países en donde está organizada la ayuda a la ancianidad? En dichos países, las Casas de las Hermanitas acogen únicamente a los pobres, numerosos todavía en nuestras ciudades contemporáneas. De su pensión mensual, el anciano guarda una parte que le permite hacer sus compras personales. Sin la colecta, lo que la Casa recibe de estas pensiones es insuficiente para hacer frente a los numerosos gastos y menos aún para ofrecer a los ancianos todo aquello que necesitan en el “gusto de vivir” dentro de un marco de sencillez propio de nuestras casas. La colecta es un medio excelente para crear una corriente de solidaridad que permite cubrir los gastos restantes.
Juana Jugán ha cimentado el porvenir de su obra sobre este desafío evangélico: vivir al día, rechazar toda renta fija, abandonándose confiadamente en Dios para demostrarnos que nuestras legítimas previsiones humanas no deben hacernos olvidar que Dios es nuestro Padre y que El cuida de nosotros. “Nosotras mismas buscamos las fuentes que nos permiten ejercer esta hospitalidad, pidiendo la generosidad de personas deseosas de hacer posible nuestra Obra. Esto es, “La Colecta”. Está simbolizada en la célebre figura de nuestra Fundadora, caminando con paso firme, vestida de su gran capa y llevando un gran cesto, iba a recoger todo aquello que le diesen, normalmente en especie y también en metálico, para poder alimentar y hacer frente a los que habitaban en algunas Casas. Era en la Casa Madre (La Tour) y en su cercanía, en una época de gran pobreza. Pero esta decisión de no pedir ayudar a las Instituciones Públicas no está solo movida por la fidelidad a nuestros orígenes. Estimamos que yendo con la cara descubierta y pidiendo lo necesario para asegurar la vida y alguna veces la supervivencia de cada Casa, hacemos continuamente la apuesta de la bondad del corazón humano. Nuestra Fundadora decía: “que Dios a confiado a cada uno, al amor de todos” llamémoslo como en el Evangelio “La Providencia”, y hasta ahora aunque si algunas vez parece que tarda y estaríamos tentados de dejarla, ella jamás nos ha faltado (Madre General 22 de Junio de 2007). |