Misión-Espiritualidad

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Fieles al carisma de la fundadora, las hermanitas de los pobres desde 1839, bajo formas y modalidades diferentes según el tiempo y los paises, continuan hacer aquello que Juana Jugán ha iniciado, acoger los ancianos pobres y de recursos escasos para formar juntos una familia nacida del amor de Dios y unida en su nombre. 

El espíritu evangélico de las Biennaventuranzas es el ideal y cada hermanita tiende a seguir los pasos de Juana Jugán. A los tres votos habituales que las unen al Seńor – castidad, pobreza y obediencia – las hermanitas de los pobres agregan otro voto más, el de la hospitalidad que las consagra por toda la vida al servicio alegre de los ancianos, en el amor y por amor de Cristo, siguiendo el ejemplo de humidad, sencillez, pobreza y de una fe inquebrantable en la bondad y paternidad de Dios vivido por Juana Jugán.

En un mundo donde los ancianos aumentan con la prolongación de la vida, en una sociedad llena de materialismo donde los valores cristianos del respeto a la vida, a los débiles y a los pobres tiende a debilitarse  a veces contestados y rechazados, el servicio a los ancianos se considera necesario y actual. 

La dificultad material no es la unica forma de pobreza de los ancianos. Otras la hacen todavía más acentuada: soledad, inseguridad, sentirse una carga, los hace angustiarse por el abandono a veces de parte de sus familiares. Todos los paises aunque aquellos que se dicen ricos conocen esta pobreza.

Las hermanitas de los pobres acogen a ancianos de cualquier nacionalidad y creencia, en casas especialmente concebidas para ellos y sus necesidades,  y sentirse asistidos hasta el final de sus vidas. Además de las ocupaciones diversas y los labores propios de la casa son una ayuda a sentirse jóvenes de espíritu.

Las hermanitas de los pobres colaboran con otras personas, con la Iglesia y otros organismos en el mundo, que quieran dar el puesto y el papel que los ancianos esperan de la sociedad.